AVISO: post incendiario y con mala baba. Más de lo habitual, quiero decir.
No suelo ir a los blogs de los demás a trollear. Es posible que no estemos de acuerdo en algún post, y cuando pasa y me apetece comentar suelo hacerlo con argumentos. Es probable que, en ese caso, mis argumentos no te gusten, pero intento exponerlos con respeto y educación. Este caso no es una excepción: He sido educada, respetuosa y he argumentado en un blog ajeno, pero a pesar de haber escrito más de 200 palabras argumentando mi postura me han acusado de “no saber dialogar” y han borrado mis comentarios. Soy de la opinión de que cada cual se retrata con sus palabras y con sus actos, pero esta es mi casa, el tema me interesa y me motiva a escribir, y ha llegado el momento de dejarse llevar. En mi blog puedo ser todo lo cafre que me de la gana, porque para eso es mi blog y me lo follo cuando quiero.
[DESBARRE COMPLETAMENTE PERSONAL Y PRESCINDIBLE]
Que a una persona adulta haya que explicarle la diferencia entre realidad y ficción hace pensar que la edad mental de esa persona no se corresponde con la de su DNI. Pero si recuerdas que es la misma persona que pretende que “tiene experiencia y sabe de la vida” porque a las personas de su entorno “les pasan cosas”, pues ya queda todo bastante más claro. No solo pretende que la experiencia se obtiene por contagio como la varicela, sino que además tiene la edad mental de un niño de 8 años.
Por si esto no fuera suficiente, lo más vergonzoso de todo es que esta persona tiene autopublicado mediante Bubok un libro dando consejos sobre como vivir según sus valores y su moral cristiana ultraconservadora, rollo autoayuda, que se titula Mi gran secreto de la felicidad. Esto en sí no tendría nada de extraño si no fuese porque en el blog dice que lleva tomando antidepresivos y ansiolíticos desde hace un año. Vamos, un fraude en toda regla: su gran secreto de la felicidad no son ni unos valores cristianos ni un estilo de vida sencillo, su gran secreto de la felicidad es la receta para una droga legal. ¡Así, cualquiera! Si hay algo con lo que no puedo es con la hipocresía. Yo seré cínica, pero honrada.
[FIN DEL DESBARRE PERSONAL]
Después de la introducción más larga de la historia, vamos al tema: la censura. Hay cosas que me encienden, y una de ellas es la censura. Que otra persona pretenda tener autoridad moral para decirme lo que “es bueno” o “no es bueno” que vea, que lea o que escuche, me enciende. Hay gente a la que le gusta el heavy metal, gente a la que le gustan los Beatles y gente a la que le gusta la música clásica. Y no consiento que ninguno de esos grupos pretenda decirle a alguno de los otros que la música que escuchan es una mierda y que tendría que estar prohibida porque “no promueve valores positivos”. Y me la sudan lo que cada cual considere valores positivos, porque es algo subjetivo: el que escucha los Beatles le dirá al que escucha música clásica que es escuchar a Wagner y le entran ganas de invadir Polonia; el que escucha música clásica le dirá al heavy que si escucha a Marilyn Manson no podrá evitar coger una motosierra y emular la matanza de Texas; y el heavy les dirá a los otros dos que son unos moñas sin-sustancia. Porque los “valores positivos” son algo subjetivo.
Me dan por saco los padres que pretenden que a sus hijos los eduque la tele. A sus hijos y a todos los demás, por extensión, porque como la tele la vemos todos para que sus dulces niños no se traumaticen, a los demás que nos jodan. Pues mira, no: ya soy mayorcita para elegir el ocio que consumo y no consiento que nadie me diga las pelis/series/libros/teatro/exposiciones/videojuegos/whatever que puedo o no puedo consumir. Intolerancia es permitir solo aquello que te gusta A TI.
Todo esto viene a cuento de la exportación de la serie Física o Química al mercado americano, pero me podría valer igual cuando asociaciones de padres pretenden cancelar la emisión de Skins en USA, censurar la teta de Janet Jackson en el intermedio de la Super Bowl o cualquier otra gilipollez. Estoy de acuerdo en que Física o Química no es precisamente una obra cumbre de nuestra cultura, pero tendrá su público, digo yo. Que cada cual arree con sus valores personales, pero que pretendan imponérmelos o limitar mis opciones a lo que a ellos les parece bien me cabrea.
En concreto en cine, televisión y videojuegos existe la calificación por edades, que da una idea orientativa a los padres de si los contenidos son o no apropiados para cierta edad. Pero los valores han de inculcarlos los padres, no la televisión. Yo soy una cursi a la que le gustan pedorreces como Sentido y Sensibilidad, pero no por ello creo que haya que meter en la cárcel a la gente que disfruta con La Jungla de Cristal, porque somos adultos capaces de diferenciar entre realidad y ficción. Y si alguien no es lo bastante maduro como para apreciar la diferencia, es su puto problema, no el mío.
Que el entretenimiento debiera promover valores positivos es de esas cosas que sobre el papel parecen una buena idea, como el comunismo o los pantalones pitillo. No lo es. Se empieza prohibiendo Física o Química porque transmite valores negativos, y rodando por la pendiente abajo nos encontramos con que los Lunnis fomentan la homosexualidad, los helados Frigo incitan al lesbianismo, en Farmacia de Guardia se daba una imagen positiva de la prostitución que podría animar a las niñas a hacerse putas, y los payasos del circo promueven el acoso escolar. ¿Dónde está el límite? Dicen que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.
¿Y las noticias? ¿Promueven las noticias valores positivos, acaso? ¿No están llenos los informativos de salvajismo, muerte, caos y destrucción? Y tienen el plus de que se trata de casos reales, no ficcionados. ¿Prohibimos las telediarios?
Y ya puestos, hablemos de la Biblia. ¿Promueve la Biblia, y en concreto el Antiguo Testamento, valores “positivos”? Porque hasta donde yo sé, está repleta de historias sobre asesinatos, fratricidios, parricidios, hermanos que matan a hermanos, hijos que matan a padres, padres que matan a hijos, sexo descontrolado y salvaje, ofrendas rituales a dioses repletas de sangre (de animales y humanas), traiciones, venganzas violentas, etc. Vamos, yo diría que no es la clase de literatura que fomenta “valores positivos” precisamente, y se la enseñan ¡a los niños! ¡Antes de los 9 años! Con chantajes como “si haces la comunión te harán muchos regalos y te vestirás de princesa” les obligan a leer un libro violento plagado de historias que podrían inspirar a Stephen King. ¿Y eso les parece bien? ¿En serio?

Photo Credit: Rafa Merelo Guervós via Compfight
Y todo esto viene por esa intención absurda de tener a los niños protegidos en una burbuja, completamente aislados del mundo y sin contacto con la realidad. Que no descubran el sexo, no vaya a ser que quieran probarlo. Que no sepan que existe la homosexualidad, no se nos vaya a hacer el niño bujarra. Que nadie le hable de drogas, no vaya a ser que se nos convierta en un yonki. Pues tengo noticias: existen el sexo, la homosexualidad y las drogas, y mantener a los niños alejados de la información es una mala idea. Porque el ser humano es curioso por naturaleza y va a querer experimentar por su cuenta, y si no tiene información fiable será mucho peor. Te digo más: en cuanto se de cuenta de la primera mentira, todo el andamiaje de credibilidad se va a tomar por saco. Les hemos repetido hasta cansarnos que se empieza por un porro y se acaba enganchado a la heroína, que en cuanto prueban el primer porro (porque lo probarán tarde o temprano) descubrirán que no es para tanto, y les habrás robado la información real sobre los peligros de la marihuana (que también los tiene, como los tiene el tabaco, el alcohol, el café o el chocolate). Y es probable que entonces se combinen la curiosidad innata, el morbo de lo prohibido, la sensación de que en realidad no es para tanto y los padres exageraban, y la falta de información sobre los peligros reales: un cóctel peligroso. ¿Y por qué no van a pensar que, si les hemos mentido con eso, en qué más les habremos mentido? A lo mejor también es mentira que si te haces pajas te quedas ciego. A lo mejor también es mentira que dando un morreo a un chico te quedas embarazada. A lo mejor también es mentira que si te tomas una de esas pastillas de colores se te puede ir la pinza. A lo mejor también es mentira que la primera vez pueda coger el SIDA. A lo mejor también es mentira… ¿y dónde parar? ¿Cómo van a saber diferenciar entre lo que es verdad y lo que es mentira? ¿Por qué van a confiar, una vez que se han dado cuenta de que les han estado engañando?
Y es que hay que decirlo ya: me toca los cojones que un grupo de marujas amargadas con la edad mental de un niño de 8 años se crea con derecho a decirnos a los demás el ocio que podemos consumir y el que no. Que se crean por encima de los demás, que pretendan imponer su moral o sus gustos particulares con argumentos como “es malo”, “es perjudicial”, y ya la rehostia, “exporta mala imagen de España”. Eso se llama intolerancia. Si no te gusta, pues que tus hijos no lo vean, es así de sencillo. Si no eres capaz de transmitirles a tus hijos unos valores “positivos” a partir de los cuales filtren lo que ven en televisión, no me vengas a tocar las pelotas a mí limitando mis opciones. Si no sabes educar a tus hijos y tienes que recurrir a la censura y a la mentira, eres un peligro para ellos y los asistentes sociales te deberían retirar la custodia, por su propia seguridad. Si no eres capaz de diferenciar entre realidad y ficción, no deberías tener derecho a voto, no te digo ya a decidir sobre los contenidos culturales y de ocio que consumen los demás.
Que esa persona además pretenda que no se puede dialogar conmigo y borre mis comentarios, bastante más educados que este post y de lo que la propia persona merece, no hace sino constatar la intolerancia de esa bloguera y que YO TENÍA RAZÓN. Podría haberle dicho que es una fascista censuradora, y en cambio me he esforzado en escribir en los comentarios una versión educada (¡y resumida!) de los que he expuesto aquí. Y lo ha borrado así como los comentarios anteriores, y ya no me permite comentar más en su blog. Es uno de esos deliciosos momentos de “defina ironía” que tanto me gustan
Y sí: este blog tiene por lema “con propósito de molestar”. Y también “Blanco y en botella”. Porque digo las cosas claritas y porque la verdad molesta.