No lo habÃa pasado tan mal en mi vida. Hace años que descubrà que soy un poco celosilla, aunque siempre he intentado mantener los celos controlados dentro de lo razonable, si es que eso es posible. Me refiero a que no soy de buscar indicios y cosas raras donde no las hay, en la vida he espiado el móvil de mi pareja en busca de mensajes sospechosos, si me dice que queda con los amigos me lo creo, no sospecho por sistema ni dudo de su palabra, etc. Pero si algún zorrón se acerca con intenciones manifiestas de tirarle los trastos, descuida que ya me encargo de pararle los pies de forma elegante pero evidente.
Pero el sábado los celos se me descontrolaron y el mal rollo todavÃa me dura.
Yo sabÃa que habÃa cierto rollito entre MiCari y MaryBoom, llámalo afinidad, amistad especial o como quieras. Y precisamente por eso, porque ese rollito me hace sentir un poquito incómoda, me he negado últimamente a salir con ese grupo de amigos y desde hace semanas limito con ellos el contacto al mÃnimo imprescindible. Pero él no. Él lleva dos meses saliendo cada fin de semana con ellos -y con ella- sin perdonar ni uno. Vuelve a casa a las tantas de la madrugada, o no vuelve y se queda a dormir en casa de unos amigos. O vuelve, me acompaña a pasear a Pitufi si me pongo muy pesada, y se vuelve a ir para desayunar con ellos. Y a mà no me hace ni maldita la gracia. Todo eso sumado a que por las tardes se va todos los tardes al gimnasio sin perdonar ni un dÃa, pues tengo la sensación de que soy soltera y tengo un compañero de piso al que apenas veo, no me acuerdo de la cara que tiene mi marido porque solo nos vemos para dormir, ya ni recuerdo la última vez que disfrutamos de un fin de semana para nosotros solos, ni una noche siquiera. Tengo lo peor de estar casada y lo peor de estar soltera, y asà no quiero vivir, yo no me casé para esto.
Le echo de menos, y se lo he dicho varias veces y bien clarito, para que no haya lugar a malas interpretaciones. Pues parece que por un oÃdo le entra y por el otro le sale, porque ha pasado olÃmpicamente de mÃ.
Si a todo lo anterior le añades que lleva varios meses que no me deja que me acerque a cinco metros de su móvil, y si se lo intento coger para cualquier cosa se lanza encima de mà como un rallo y me lo quita de las manos, creo que es normal que me empiece a oler a cuerno quemado.
Asà que este sábado ya le habÃa avisado que me apuntaba a salir con él y sus amigos. El sábado por la mañana trabajé, al llegar a casa me eché la siesta, habÃamos quedado a las 8 y a eso de las 7 él puso en marcha lo que según él es un detalle pensando en mà porque pensaba que estarÃa cansada, y a mà me pareció una maniobra destinada a que me quedara en casa y no saliera con ellos. Desconfiada que me he vuelto, cojones.
El caso es que salà con ellos el sábado y aun me estoy arrepintiendo. Ya sabÃa que habÃa rollito con MaryBoom, pero mientras no lo ves con tus propios ojos siempre te queda la duda. Y el sábado vi cosas que no me gustaron un pelo. Al margen de la maniobra disuasiva previa, habÃamos quedado a las 8 y él, que es conocido por llegar una hora tarde y no despeinarse, estaba preocupado porque llegábamos ¡5 minutos tarde! ¿Perdona? Llegamos al punto de encuentro y estábamos solos. Mandó un mensaje al grupo para saber dónde estaban, y le contestaron que nos sentáramos que iba para rato. De acuerdo, nos fuimos a tomar algo y hacia las 9 le mandaron un mensaje MaryBoom y su marido (sÃ, MaryBoom está casada, ¿y desde cuando eso es un problema, eh, eh, eh, eh?), que ya habÃan llegado. Bueno, pues mi marido perdió el culo, perdió el mundo de vista, y casi me perdió a mà por ir a su encuentro escopeteado perdido. Tanto que al final me tuve que enfadar:
- Vale que estás nervioso porque has quedado con MaryBoom y no quieres hacerla esperar, ¡pero disimula un poco, joder! Al menos delante mÃo córtate un poco.
Estamos con ellos esperando a los demás y yo ya estaba celosa y él me lo notaba, no podÃa parar de tocarle y además sin disimulo ninguno. Es mi chico y querÃa que se notara.
- SÃ, no solo estoy celosa: estoy territorial, asà que vas a tener que ayudarme a pasar el mal trago lo mejor posible.Â
Pues parece ser que su manera de ayudarme a pasar el mal trago lo mejor posible consiste en distanciarse de mà y no tener ojos más que para MaryBoom. Para matarlo. Conforme pasaba la noche yo me iba poniendo cada vez más nerviosa, veÃa cosas que no me gustaban un pelo. Hasta que él empezó con el jugueteo y bebió de la cerveza de MaryBoom. Es una tonterÃa, pero la complicidad y la intimidad que reveló ese gesto me hizo más daño que si me hubiera dicho abiertamente que se la ha follado en una noche de borrachera. Una cosa es saberlo, o intuirlo, y otra es verlo. Y lo que yo vi me puso el estómago del revés.
El resto de la noche fueron una sucesión de despropósitos, y a cada cual yo me iba poniendo peor. Hasta que a eso de las 12 nos empezó a llover y decidieron irse a casa de unos a jugar unas partidas en la videoconsola. MaryBoom también iba, claro. A esas alturas yo estaba tan mal que le pedà que se quedara conmigo esa noche. Esto es importante:
Llevaba dos meses saliendo TODAS las noches, algunas incluso durmiendo fuera de casa; yo me encontraba de los nervios, fatal por lo que habÃa visto con ella y le pedà a mi marido que se quedara conmigo UNA NOCHE. No quiso. ¿Su motivo? Porque después querré otro fin de semana, y otro, y otro… Vamos, que no iba a pasar una noche de sábado con su mujer para que no me malacostumbre.
Si yo tuviera ataques de celos constantes, lo podrÃa llegar a entender, pero era el primero en mi vida. La primera vez que le pido que se quede conmigo, que no salga, porque estoy celosa. ¿De qué precedentes me habla?
Como muestra de su buena fe, me dijo que volverÃa en dos o tres horas. ¿Se va a pasar dos o tres horas con ella, y se supone que eso me tiene que dejar más tranquila? ¿En qué universo paralelo? Lo curioso es que, si me los imagino juntos, no me los imagino follando: me los imagino en el sofá haciéndose cosquillas, tonteando y riéndose como dos adolescentes, y la imagen me hace casi más daño que si las manos que hay marcadas en el cabecero de mi cama fuesen suyas.
El caso es que me dejó sola en casa, porque si me iba con ellos y me agobiaba tampoco me iba a llevar de vuelta a casa para que no les cortara el rollo. Y allà me quedé, esas dos o tres horas que se convirtieron en más de tres horas largas, sola en casa y él por ahà con ella, cociéndome en mi propio veneno, reconcomiéndome por dentro, pensando qué estarÃa haciendo y, sobre todo, con el convencimiento de que su mujer figura muy abajo en su lista de prioridades: en cualquier caso, seguro que por debajo de ir al gimnasio, salir con sus amigos y jugar a la videoconsola. Es humillante.
Y lo peor es saber que ya no puede hacer nada por arreglarlo, porque cuando le necesitaba, cuando estaba pasando el peor ataque de celos de la historia, cuando me sentÃa peor de lo que me he sentido nunca en mi vida, él no estaba. Peor que no estar fue que me dejó bien claras cuales son sus prioridades, y yo no estoy entre las primeras de la lista. Yo lo estaba pasando fatal, le necesitaba a mi lado, y él prefirió largarse a jugar a la consola con sus amigos y hacer el tonto con MaryBoom. Ahora ya no me fÃo, ahora ya me puede decir misa, ahora ya puede poner carita de cachorro arrepentido, que no me creo nada.
Me siento peor que una mierda: como una mierda pisada en la calle y restregada contra el bordillo.