Asà es como me siento: como un bulto de carne con ojos. DeberÃa ponerme en marcha, limpiar la casa, poner una secadora, recoger la cocina, sacar de paseo a Pitufi, ¡joder, desayunar! Y no soy capaz de moverme del sofá. Estoy completamente bloqueada, sin ánimos y sin fuerzas, como si me hubieran desenchufado. He intentado ponerme en marcha pero las piernas no me sostienen. Cosa lógica, por otra parte, ya que llevo tres dÃas comiendo de pena.
Ya no estamos juntos. Ya no somos pareja.
Dos frases y me hundà en la miseria. El lunes pido cita con el psiquiatra. Están pasando muchas cosas en mi cabeza, no ahora sino desde hace ya tiempo, que no soy capaz de comprender.
Necesito ayuda.
Que tengo un problema de adicción a la cafeÃna no es nada nuevo.
Que padezco un problema de insomnio, probablemente relacionado con lo anterior, tampoco.
Y por si no tenÃa ya suficiente, ha ocurrido algo que ha venido a agravar la situación: con el Frangelico nos han regalado un paquete de 100 gramos de café con aroma de avellana. Pero no como los shots del Starbucks que apenas se notan entre tanta leche, no: un paquete de café molido para hacer en la cafetera profesional, y con un sabor a avellana auténtico, del que impregna el ambiente desde que abres el paquete.
Y ese es el problema, ¡que el café de avellana está buenÃsimo! ¡Parece un postre! El olor es como el de Ferrero Rocher, entre café, chocolate y avellana, y el sabor le anda ahà ahÃ. Es un auténtico vicio, y con mi adicción al café y el insomnio, solo me faltaba eso, un café que esté aún más bueno que el que me hago normalmente.
He preguntado en varios súpers sin éxito. He buscado en Internet hasta que he encontrado la empresa que fabrica este café de avellana. TodavÃa no lo tienen a la venta en su web, pero ya me he puesto en contacto con ellos por teléfono, son una empresa vasca y me van a enviar un kilo desde Bilbao por Seur. En ocasiones yo tampoco sé parar a tiempo.
Preveo una nueva adicción en ciernes.
He tenido una pesadilla horrible: Un grupo de 45 personas se presentaba en el restaurante. TenÃan reserva pero se me habÃa pasado por alto. No tenÃamos nada preparado, el comedor estaba sin montar, no nos quedaba embutido ibérico suficiente para dar de comer a tanta gente y todo el mundo tenÃa que correr para intentar solucionar mi metedura de pata como fuera.
Me he despertado aterrorizada y bañada en sudor.
Creo que necesito un descanso pero YA. Y todavÃa falta Nochevieja, Año Nuevo, Reyes… Mátame camión!
Queridos familiares y amigos:
Os agradezco enormemente que me visitéis en casa estos dÃas inciertos y que queráis ayudar a hacerme la convalecencia más agradable.
Os agradezco mucho todos vuestros esfuerzos para que esté entretenida: esta semana ha sido un puente muy largo y tener que pasármelo encerrada en casa sin poder salir se le harÃa pesado y aburrido a cualquiera.
Os agradezco también las ganas que le estáis poniendo, soy consciente de que si habitualmente no soy una persona fácil, estar con estas molestias me hace aun más insufrible que de costumbre.
Gracias por contarme vuestras historias, por intentar animarme, darme conversación e interesaros por mis opiniones, ideas y puntos de vista. Demostrar que os preocupa lo que pienso siempre es de agradecer.
Pero estoy con faringitis, cabrones, tengo la garganta irritada y llevo varios dÃas sin voz. La próxima vez que os pongáis todos de acuerdo para pedirme opinión y/o consejo sobre vuestras cosillas, elegid un momento en que pueda hablar por lo menos…
¿O a lo mejor es que hay alguna relación entre que me pidáis consejo y que yo no pueda hablar…? Hummmmmm…
Cuando te quemas la lengua con leche hirviendo por haber calentado demasiado el café con el chorro de la cafetera, ¿cuánto tiempo dura esa horrible sensación de no notar los sabores? Llevo ya dos dÃas asà por hacer el gilipollas, y es muy molestoÂ
Cuando era pequeña, me resfriaba. Como todos los crÃos. Y de vez en cuando, también cogÃa anginas. Como todos los crÃos, supongo. De hecho, aún las sigo padeciendo con relativa frecuencia. En pelis y series americanas estamos hartos de ver a gente a la que les extirpan las amÃgdalas y se ponen hasta el culo de helado, pero yo no conozco a nadie a quien se las hayan extirpado por un problema de anginas. Esto por aquà creo que no se lleva, asà que yo me sigo jodiendo de vez en cuando con mi dolor de garganta.
Como las anginas son una infección, la recomendación del médico era siempre la misma: antibióticos. Y a mi abuela no le hacÃa ni pizca de gracia darme antibióticos de pequeña. Asà que aplicaban un remedio casero que era más una tortura que una solución: ponerme a hacer vahos. ¿Y en qué consiste eso de hacer vahos? Os preguntaréis. Pues en torturarme aprovechándose de que era muy pequeña y no me podÃa defender, básicamente. PonÃan al fuego una olla con agua y hojas de eucalipto, me cogÃan en volandas y me ponÃan a aspirar los vapores del agua hirviendo con el eucalipto con la cabeza tapada con una toalla para que no se escapara el vapor.

El resultado era claustrofóbico y humillante. Yo lloraba, pataleaba y me retorcÃa intentando escapar, hasta que me dejaban ir más por el peligro de caerme en la olla hirviendo o abrirme la cabeza contra el suelo que por cualquier otra cosa. Y estas cosas no son gratuitas, tienen sus consecuencias: gracias mamá, gracias abuela, gracias a vosotras no soporto las saunas y odio el olor a eucalipto.
¿No es horrible cuando tienes una cancioncilla absurda que se te ha quedado pegada al cerebro y no hay forma de sacártela de encima? Llevo desde el sábado con el I’m crazy but you like it (loca, loca, loca) creo que de Shakira enganchado y no sé cómo despegármelo, ¡me va a volver loca a mi!
… Si organizar un cumple de 18 años y que se me llene el bar de niñatos a los que les falta un hervor y sentirme como la madrastra de Blancanieves, o que te reserven el local para montar una fiesta privada las camareras del Bora Bora, que se te llene el bar de pivonazos veinteañeras, y acabar con la autoestima por los suelos de sentirme la hermanastra de Cenicienta.
A ver si me explico:



¿Tú crees que esto es normal? Pues imagÃnate 25 tÃas asÃ, un poco más vestidas vale, pero con sus vestidos ajustados, sus minifaldas y sus escotazos, conscientes de que están muy buenas y con ganas de mucho cachondeo. Ni un solo tÃo, todo el bas para ellas solas y sabiendo que pueden desmadrarse en confianza. Me consta que los camareros pasaron algún que otro mal rato, pero ¡joder, es que me estaba poniendo mala hasta yo!
Tengo que filtrar las fiestas privadas que organizamos y ser más selectiva, o van a acabar con el poco amor propio que me quedaba.
Lo que me faltaba ya después del bajón de la semana pasada. Exactamente, ¿cuándo dejaron los chavales de 18 años de ser yogurines potentorros para pasar a ser niños de teta?
Este fin de semana hemos tenido un cumpleaños en Central Perk: el último, de un grupo de 25 amigos, en cruzar la frontera de la mayorÃa de edad.
Es recordarlo y me dan ganas de echarme a llorar: El bar lleno de chavales de 18 años, y yo me sentÃa como la mamá de todos ellos. ¡Qué bajonazo, Dios mÃo! Acostumbrada a los muchachotes de diario, el sábado parecÃa que Central Perk se habÃa convertido en un Chiqui Park, solo me faltaba la piscina de bola. Para abrirse las venas en canal. ¡Si cualquiera dirÃa que estaban todos los chavales a medio hacer! No les faltaba un hervor: les faltaba una hora de horneado por lo menos.

Yo me acuerdo, no hace tanto, que aún veÃa potables a los chicos de 18 años. ¿Cómo es posible que, de 25 tÃos, no hubiera ni uno que mereciera la pena? ¡Si casi les tengo que sacar el babero para darles la cena! Qué bajón, madre mÃa, ¡qué bajón!
Me gusta el nombre de Lola, pero odio Dolores o Loli.
Me encantan nombres como Manuela o Almudena, pero ni muerta se los pondrÃa a una hija mÃa.
Me seduce el nombre de Audrey, pero me ralla que a la gente le cueste tanto de pronunciar.
Me considero razonablemente feminista, pero no soporto cuando mis amigas me miran mal por usar mi adjetivo favorito: zorra malfollada.
Voy de cool gafapastosa porque no me gusta el fútbol, pero en cine, series, libros y música me trago unas pedorreces de flipar.