Publicado el 13-01-2012 | Etiquetas: blogs
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Tenía que hacerle una puesta a punto al blog y he aprovechado estos días que tengo menos trabajo: actualizar la base de datos, descargar y probar las últimas versiones de un puñado de plugins, pasar el código de la plantilla por el túnel de lavado, pasar la excavadora por la papelera de comentarios de spam, limpiar un montón de revisiones de post antiguos… Me ha dado algo de guerra y espero no haber perdido nada en el proceso, y que ahora todo vaya mucho más fino.
He vuelto a cambiar la plantilla del blog por una con fondo negro. Llega el invierno, los días son más cortos y fríos, las noches más largas, llueve, apenas vemos la luz del sol y mi ánimo acompaña.
ada vez que veía la plantilla anterior, tan blanca y primaveral, me rechinaban los dientes.
Por cierto, ¿alguien ha publicado el post de Halloween en su muro de Facebook? Las visitas desde Facebook se han disparado y no me lo explico, mucha lógica no tiene (más bien no tiene ninguna lógica). Venga, confesad: ¿Quien ha sido? Prometo que no habrá represalias. O al menos, no muchas…
[Edito] Gracias a Bliur por el enlace en su página de flanes de Facebook. Nena, ¡no veas qué exitazo!
No acabo de pillarle el rollo a esto pero me sigo peleando con la aplicación de las narices…

Hay gente que considera que el odio es el peor sentimiento que puede demostrarte. No estoy de acuerdo: lo peor no es el odio, es la indiferencia. Cuando alguien, incluso aunque sea una persona a quien no conoces ni te conoce de nada, te dice que te odia y que mereces que te pateen la cara contra un bordillo, el mensaje implícito que te está enviando es:
Me has removido lo suficiente como para no pasar de largo, has conseguido no dejarme indiferente, has logrado sacarme de mi apatía vital hasta el punto de poner a trabajar mis adormecidas neuronas para inventarme un nombre absurdo que pretende insultarte, poner mis manitas sobre el teclado y decirte una frase que creo que te molestará.
Pues no solo no me molesta, sino que me halaga el esfuerzo realizado, haber sido tan importante para ti, haber escrito una entrada que ha significado tanto para ti como para que te tomes la molestia de abrir el post y dejar un comentario. Es más, me ha emocionado tanto que lo pienso volver a hacer.
No lo entiendo. ¿Para esto me abro un yo un blog?
Iba a hacer una de esas entradas con las palabras que la gente escribe en google y sorprendentemente llega hasta ahí, pero es que me he quedado sin palabras. Observad vosotras mismas y decidme si no es para echarse a llorar.
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Vale, me ha quedado claro: lo que escribo no le importa una puta mierda a nadie. Ha sido muy sutil pero he captado el mensaje. Oye, parecería que no, pero genial, más íntimo.
Pero es que a ver cómo os lo explico… ¡Se casó HACE UN AÑO! Superadlo de una vez…

Las malas son un colectivo incomprendido. Les hace falta una buena campaña de marketing. Están absurdamente desprestigiadas y no gozan de las simpatías que deberían por parte del gran público. El lugar que les corresponde en el imaginario popular ha sido ocupado por una panda de cursis absurdas pero con un gran asesor de imagen, las princesas.
Así empieza el último post de Moli. Os recomiendo que no os lo perdáis. También vale mucho la pena, en la misma línea, su post comparativo entre gacelas y leonas. Admiro a Moli porque tiene el sentido del humor que a mí me falta para decir lo que pienso: lo mío es pura mala baba y claro, no mola igual.
Si hay algo que me hostiliza mil y pone de mal humor son los perdonavidas, los pretenciosos, los condescendientes, los que pretenden ir iluminando al resto del mundo con su sabiduría porque ellos lo valen y los demás no, y también los que carecen de sentido del humor alguno y se lo toman todo (y a sí mismos sobre todas las cosas) demasiado en serio. Esa gente que no entiende un chiste porque todo le parece políticamente incorrecto, o de mal gusto, o una generalización injusta, y van siempre por la vida con cara de oler mierda.

Y si una persona tiene la habilidad de reunir en su mismidad todas estas virtudes, ya puedo decir de ese alguien que no me cae bien.
Ahora me apetece mucho más ser una bruja durante una temporada, me parece mucho más atractivo y además creo que va más con mi actitud últimamente. No quiero ser buena, no quiero sonreír si no me apetece, quiero decir las cosas como las siento y olvidarme de lo políticamente correcto. Así que por una temporada se acabó ser una princesita constreñida por el protocolo y las reglas y me voy a soltar la melena.
No os asustéis: es temporal. Esto va a ser la Navidad, que saca lo peor de mí. Tantas fiestas teniendo por obligación que ponerle buena cara a familiares a los que no soportas y con los que el resto del año no tienes relación, tiene como consecuencia que la mala baba se acumula, y al final acaba pagando el pato el blog.
Imagina un autobús de 55 plazas de las que normalmente van ocupadas menos de 10. Imagina que lo cojo una vez por semana para ir a otra localidad de mi provincia. Imagina que me subo en la primera parada y tres paradas más allá, antes de salir de mi ciudad, se sube CADA VEZ una señora bien entrada en años pero que cree que tiene 22 y que todos los mozos macarras del mundo la están mirando. Por ello, se pone en las orejas unas argollas del tamaño de un CD, lleva unas uñas extralargas curvas, cortadas cuadradas y pintadas de colores chillones. Se viste con una mezcla de extravagancia y ordinariez. Se echa encima todo lo que pilla en el armario: gorra de ganchillo de lana con visera, foulares varios, collares, capas. Imagina lo peor: va siempre cargada con cinco o seis bolsas de plástico a reventar.
Por supuesto, no hace falta mucha imaginación para intuir que SIEMPRE se sienta en el asiento que está a mi lado, donde normalmente tengo colocado el bolso, estando el autobús prácticamente vacío.
Hasta que ya no pude más y cuando un día se sentó a mi lado me levanté yo y me senté dos filas más allá. Me preguntó qué pasaba y le dije que me parecían ganas de fastidiar que con 50 plazas a su disposición yo tuviera que ir estrujada entre sus bolsas y sus trapos. No dijo nada, puso cara de ofendida, pero a partir de ahí ya no lo hizo más.
La protagonista de este suceso paranormal ocurrido en un autobús interurbano es Kotinussa, y nos lo ha explicado en los comentarios de una historia mucho más mundana sobre una bordería mía, pero creo que la anécdota es tan buena que merecía mucho más protagonismo.
Además, me muero de curiosidad por saber cómo continúa. La señora de las bolsas y los trapos ¿se fue a incordiar a otro pobre pasajero, o a partir de entonces se sienta sola en el autobús?