Casi todos los clientes del restaurante son un amor. Gente agradable, sencilla, trabajadora y educada. Tengo mucha suerte.
He dicho casi todos los clientes, porque en todas las familias tiene que haber un Torcuato, no falla. En nuestro caso, le llamamos el sibarita y es un tocapelotas de cuidado. Él se considera pobre pero exquisito, no le puedes dar cualquier cosa, todo tiene que ser exactamente como él diga: el bocadillo tiene que ser con pan de ciabatta y de jamón ibérico pero cobrado como uno de jamón del paÃs, el carajillo tiene que estar a 37º y llevar exactamente 25 ml. de Ron Pujol o no lo quiere, al chupito de whisky de marca premium le tienes que invitar por supuesto, y todo en esa lÃnea. Un tocacojones de manual. No le soporta nadie aquà por esa mala baba que se gasta y por lo maleducado que es, que encima cree que como estás detrás de la barra le tienes que reÃr las gracias. Pues aquà estoy en mi casa y no le tengo que aguantar las tonterÃas a nadie, y si no le gusta que se pire a otro bar donde le toleren sus imbecilidades.
Esta mañana el sibarita estaba en una de las mesas del fondo del bar y yo estaba en la barra. Se ha acabado la cerveza y el bocadillo (que se trae de casa todas las mañanas porque yo ya paso de tener movidas ni con él ni con nadie) y se conoce que me querÃa pedir el carajillo. Yo ya sé lo que toma todas las mañanas, como la mayorÃa de los clientes habituales, no tienen que decirme nada, basta con una seña discreta por ejemplo, o que me pida el café que yo ya sé lo que le tengo que servir porque siempre pide lo mismo y él lo sabe (y pobre de mà si un dÃa, después de que lleve igual un par de semanas sin venir, me olvido de que toma el carajillo con sacarina y no con azúcar, que ya se encarga él de recordárselo al bar entero).
Hoy yo estaba detrás de la barra y el sibarita estaba desayunando en una mesa del fondo. Yo estaba atendiendo a otros clientes, y en estas que he oÃdo unos gritos extraños:
Uuuueeeeeeee!!! Uuuuueeeeeee!!! Uuuuueeeeeeeeee!!!
¿Perdón? ¿Qué son esos berridos? ¿Me estás llamando a mà o a las cabras?
¿Es a m�
¡SÃ, claro que es a ti! ¡¡Que no me haces caso!!
Estupendo, estoy yo hoy como para que me toquen los cojones…
Normal, es que si me llaman con berridos, no atiendo. Me llamo Griselda, por cierto.
¡SÃ, hombre! ¡Y me tengo que acordar yo de cómo te llamas! ¡Venga ya, vete por ahÃ!
Pues haces como todos los demás cuando no se acuerdan de mi nombre: me llamas guapa, cariño, nena… pero no te pongas a pegar berridos como si estuvieras llamando a las cabras porque lo último que pienso es que te diriges a una persona con esos gritos.
Pues me ha formado un espectáculo el tÃo por eso que le he dicho que era digno de verlo. No veas el rebote que se ha pillado el tÃo maleducado. Ha empezado a gritarme que a él no le dijera lo de las cabras, que no me pasara ni un pelo ¡yo! He pasado kilos de él y me he puesto a atender a otros, pero con el jaleo que me estaba formando se le han quedado mirando varios clientes, y alguno se ha quedado incluso con ganas de darle dos hostias al muy imbécil. Y ya ha sido el tema de conversación favorito durante el resto de la mañana.
Hay gente que no sabe cuando hace el ridÃculo.