Me gusta cuidar a mi gente, lo que no quita para que sea implacable con quien no cumple conmigo. Creo que una de las cosas más importantes para que mi equipo se sienta bien, es que trabajen a gusto y tengan seguridad. Estoy convencida de que si la gente vive con miedo a que mañana les peguen la patada, no se sienten implicados en el proyecto y no dan de sà todo lo que podrÃan dar, no rinden a tope.
Estamos planificando los servicios que tendremos que asumir a partir de septiembre, y como ya preveo las necesidades de personal que voy a tener estoy valorando diferentes fórmulas de selección y contratación del personal. Estoy barajando varias posibilidades, analizando costes y otras variables, cuando me han sugerido una modalidad de contratación que no tenÃa prevista ni me parece ética: el contrato mercantil para empleados en plantilla, que ni son autónomos ni lo pretenden. Esto, bajo mi punto de vista, es un fraude de ley en toda regla, y además me parece poco ético: si el trabajador no se da de alta como autónomo, no tiene ningún tipo de cobertura laboral.
Claro, yo, por mi parte, me ahorro darles de alta en la seguridad social, no tengo que pagar las cuotas patronales y sus servicios me los desgravo como gasto. Todos son ventajas para mÃ, sobre todo económicamente, pero éticamente me parece lo peor: tienes a tus empleados en una desprotección absoluta, sin cotizar a la seguridad social, sin derecho a paro, sin poder cogerse una baja si se ponen enfermos, sin vacaciones… PodrÃa desentenderme y decir ¿y a mà qué me importa? ¡Que se den de alta como autónomos! pero no va conmigo y ese no es el pacto. Las relaciones laborales se basan en la buena fé de la gente, y este no me parece un buen punto de partida en ese sentido.
Resumiendo: Los contratos mercantiles para no tener que asegurar a tus empleados son el penúltimo refugio de los sinvergüenzas. El último es directamente facturar en negro. ¿Que hay que retrasar la edad de jubilación? TendrÃamos que preguntarnos qué parte de culpa tenemos nosotros, con esa visión tan a corto plazo que nos caracteriza.
Lo que me ha acabado de poner de mala hostia ha sido el argumento que me han dado para que no descarte directamente este tipo de contrato:
¡Aprovéchate, tonta! Que otra crisis como esta no va a haber en muchos años y ahora la gente lo aguanta todo.
Oye, mira qué bien. ¿Y por el mismo precio nadie se ha planteado reinstaurar la esclavitud? Seguro que encontramos gente dispuesta a trabajar a cambio de comida y casa, tal y como se ha puesto el mercado inmobiliario seguro que todavÃa nos dan las gracias…
¿Y luego nos preguntamos que por qué los empresarios tenemos tan mala fama? ¡Pues por cosas como esta!