Pocos momentos hay en la vida más dolorosos que ese en el que te das cuenta de que tu marido, la persona a la que amas y con quien has apostado para compartir tu vida, es un ser incosciente y egoísta. Yo viví esa situación ayer por la noche y en un primer momento mi cabreo fue estratosférico, aunque cuanto más tiempo pasa me siento menos enfadada y más triste y decepcionada.
Que mi marido es caprichoso ya lo sabía, pero esta vez ha superado todos sus límites. Este verano me lió para sacarse el carnet de moto y comprarse una pepino de 650 cc. No me hizo maldita la gracia, pero se salió con la suya una vez más. Hasta ahora, este ha sido el capricho más caro que se ha dado, y no han sido pocos. Antes de la moto fue el monitor en 3D, y antes de eso fue el MacBook Air, y antes de eso la Play 3, y antes de eso… yo aún no tenía blog, pero en fin, os hacéis una idea.
Teniendo en cuenta que hasta ahora solo había llevado ciclomotor sin marchas, y que además la moto nueva la tiene que llevar “capada” porque durante dos años solo puede llevar motos de hasta 250 cc, contaba que esta le durara por lo menos 4 años: los dos primeros limitada a 250 (o la equivalencia en caballos, que no tengo ni idea de cual es), y después al menos otros dos años más ya sin limitación, a todo lo que le den de sí los 650 cc.
Vale, de acuerdo, ya tiene su moto desde hace menos de 2 meses y nos hemos gastado un dinero que no tenemos y que nos han hecho ir estos dos meses con el agua al cuello. Dos meses que me he pasado de morros y refunfuñando cada vez que he tenido ocasión porque el niño siempre se sale con la suya, porque tiene caprichos carísimos, porque solo piensa en sí mismo y no tiene la más mínima visión de futuro.
Y cuando ya empezábamos a levantar cabeza económicamente, se me empezaba a pasar el cabreo y pensaba que tendría casi 4 años de tranquilidad (¡que fue lo que me prometió cuando accedí a que se comprara esta moto!), me viene anoche y me dice que quiere una moto más grande, y sobre todo más cara. Solo dos meses han pasado desde su último capricho, dos meses en los que me ha tenido enfurruñada, y ya estamos otra vez. No solo ha incumplido su promesa, sino que encima se ha pasado por el forro mis sentimientos. Cree que puede hacer de mí lo que le de la gana y ya empiezo a estar un poquito harta. Si le dejo hacer lo que él quiera nos lleva a la ruina económica, pero estoy cansada de hacer de mamá de un crío caprichoso.
Le dan igual mis miedos, sabe que soy autónoma, que los autónomos no tenemos derecho a paro si nuestros clientes nos dan la patada, sabe que el 80% de mis clientes tienen relación directa o indirecta con la administración pública, que hay elecciones en 6 meses y que voy a tener que comer muchas pollas si quiero seguir pagando la hipoteca. Sabe que tengo un miedo atroz a que no nos renueven los contratos que tengo firmados, y que si no hay clientes no hay dinero, y que con su nómina no vamos a ninguna parte. Sabe que en mi caso ahorrar no es un capricho sino un mecanismo de supervivencia. Pero todo eso le da igual. No tiene en cuenta mis necesidades, si yo necesito el dinero de nuestros ahorros para algo (para sacarme el carnet de conducir, por ejemplo), no respeta mis miedos, le da exactamente igual que dentro de 6 meses no podamos pagar la hipoteca porque nos hemos fundido todos nuestros ahorros en una moto que ni siquiera puede conducir y a pesar de que ya tiene una desde hace dos meses. Todo eso le da igual. Tiene un capricho y lo quiere ya, le importan un pimiento las consecuencias.
Y encima pretende que, como me lo ha consultado, me enfade menos. ¡Es que si no me lo consulta, le pido el divorcio!
Me he dado cuenta de que mi marido es un egoísta, un inconsciente, no tiene en cuenta mis necesidades ni mis miedos, y no me respeta.
Tengo ganas de llorar.